Jóvenes, mayores, con discapacidad, sin discapacidad, de procedencias, niveles culturales e intereses diferentes… Todo ello tiene cabida en el club LF inclusivo de la biblioteca del centro cívico El Pilar en Vitoria-Gasteiz. Fue “la novedad de la temporada” de las actividades de la Red de Bibliotecas en 2016, en colaboración con Apdema. Se estrenaron con “Regreso a Chernóbil” de Ander Izagirre, como primer libro. Desde entonces no ha dejado de crecer y de ser un espacio de lectura compartida tan diverso como seguramente haya pocos clubs LF en todo el país.
Juan: “Me apunté a ciegas, sin saber lo que era la lectura fácil”
Ha sido de los últimos en llegar al grupo. Cuando se vio con más tiempo para él y sus aficiones, empezó a buscar actividades. Una de sus primeras opciones fueron los clubs de lectura. “Me gusta mucho leer y nunca había estado en uno, por lo que me apetecía probar.
Después de bucear en internet encontré grupos en que sus miembros se reunían una vez al mes para comentar y debatir sobre un libro ya propuesto de antemano. Pero me llamó más la atención el club de lectura fácil porque era una actividad semanal. Me apunté sin saber muy bien qué significaba eso de lectura fácil. El primer día, nada más entrar, me sentí como en casa. El ambiente es genial y estoy muy contento de poder compartir mi afición a la lectura con la gente de este grupo. Además de pasármelo bien, siempre aprendo algo”.
Su libro favorito leído en el club: “La llamada de lo salvaje”
Asun: “Valoro mucho la diversidad del grupo”
“Me gusta el buen ambiente que hay en el grupo, valoro mucho la diversidad que hay entre las personas que lo componen”.
Aparte de eso, Asun asegura aprender con las aportaciones de la dinamizadora y de sus compañeros. “Me sirve para otras cosas, como desconectar del día a día, dedicar tiempo a la lectura que es uno de mis hobbys y conocer nuevas lecturas”. Asun ha descubierto que es disléxica siendo ya adulta.
Su libro favorito leído en el club: “Marcus Marc y la ruta del petróleo”
Pedro: “He retomado el hábito y disfruto de volver a releer clásicos”
Reconoce que ha vuelto a recuperar el hábito lector y que lo que más me gusta del club es que una vez a la semana, durante una hora “tengo la posibilidad de unirme a un grupo en el que, además de leer, compartimos experiencias tanto del día a día como de acontecimientos ya pasados (recuerdos personales) es decir, nos relacionamos y eso siempre es enriquecedor”.
Sobre los libros, dice que, a pesar de estar adaptados, mantienen la estructura y esencia de los originales. “En mi caso, me han animado a leer algunas obras por primera vez y a releer otras (sobre todo clásicos) que ya tenía un poco olvidados”.
Su libro favorito leído en el club: “El principito”.
Andrea: “Todo me parece auténtico, nadie pretende parecer nada”
De Italia a Vitoria. Lleva solo 10 meses y reconoce haberle gustado mucho el concepto de los centros cívicos de la ciudad. “Me recuerda a la cultura de base que había en Roma cuando yo era joven”. Desde que llegó, ha participado en varias actividades, entre ellas la del club de lectura fácil. “Lo más importante para mí es que es un curso de lectura facilitada que me permite seguir y al mismo tiempo aprender y mejorar el castellano; cuando hago una lectura con el grupo, me concentro mucho en leer y hacerlo bien en voz alta y aprendo siempre un buen número de palabras”.
Valora una utilidad para su aprendizaje que no solo tiene que ver con la parte técnica de la lectura, sino que “cada vez que emerge una emoción, un recuerdo, un pasado… se pueda compartir”. “Es muy bonito la riqueza de personas que hay, la diversidad, esto me gusta mucho. Es como encontrarse gente de manera natural, no hay nadie que pretende ser no sé qué, todo me parece auténtico. Cree que el próximo año seguiré en Vitoria y me gustaría seguir en el grupo”.
Arkaitz: “Mi libro favorito: ¡El Libro de la selva!”
Arkaitz y Alba, ambos con discapacidad intelectual, son los más veteranos de este grupo. Arkaitz ha disfrutado mucho con todos los libros que han leído en estos años.
Pero si tiene que elegir uno, no duda: «¡El libro de la selva!».

Rosa: “Me cuesta leer, pero este grupo es maravilloso”
Reconoce que no le gusta demasiado leer y que le cuesta. A sus 78 años, no tuvo muchas oportunidades de aprender mejor. Sin embargo, ahí ha seguido; después de la pandemia lo dejó un tiempo, pero ha vuelto a retomarlo. “Estoy contenta de ir, la profesora y el grupo son maravillosos, esto es algo muy positivo para mí”.
Matilde
Por edad, la veterana del grupo. Tiene 83 años, apasionada de la lectura y además, lo hace muy bien. Todos sus compañeros coinciden en que “da gusto escucharla leer”.
Elisa. “Me parece una actividad relajante”
Lleva dos años en el club. Para ella esta es una actividad “muy relajante, el grupo es muy variado, no hay ningún tipo de discriminación ni por edad ni por género”. Reconoce que se sintió muy acogida desde el primer día y arropada por la dinamizadora, que lo hace todo fácil y muy ameno.
Su libro favorito leído en el club: “Kafka y la muñeca viajera”
Susana: “Me cuesta elegir cuál ha sido el libro favorito, han sido muchos”
Le costaría elegir un libro favorito de entre todos los leídos, porque le vienen a la memoria, sin pensarlo mucho, unos cuantos: “Oliver Twist”, “Marcus Marc y la ruta del petróleo”, por su historia, ternura o aprendizaje.
Pero si tiene que elegir uno, sería “Ana de las Tejas Verdes”. “Tenía mucho interés en conocerlo y es una historia perfecta para evadirte de este mundo cruel, jajaja!”.
Mari Cruz: “¡Qué suerte la mía de poder disfrutar de tanta sabiduría cada semana!”
Su experiencia empieza este primer año, pensando que se apuntaba un club de lectura cómo otro cualquiera. “¡Menuda sorpresa me llevé el primer día, cuando me entero de que los libros los leemos juntos! Y, además, lo hacemos en voz alta (cosa que no hacía desde mi época escolar)”.
Reconoce que al principio tenía la sensación de estar ocupando una plaza que no le correspondía, porque pensaba que, aunque no lo había leído en ningún lado, este club estaba dirigido a personas con algún tipo de problema. Natalia, la dinamizadora, me tuvo que confirmar en más de una ocasión, que eso no era así y que era libre de continuar si así lo deseaba.
Empezó entonces a conocer a sus compañeros y compañeras de club y a disfrutar mucho esa gran diversidad: “tenemos nuestra persona ‘guía’ siempre con la sonrisa puesta; entre los más jóvenes, a quien nos marcaba los turnos de lectura, al serio y formal y la timidez, detrás de una eterna sonrisa; pasando por edades intermedias, esas que, de momento, solo necesitan gafas para leer, y aun así a veces ni las usan y, las personas de mayor edad, con esa voz de cuento, la sabiduría que ha dado la vida y la sabiduría que ha dado la lectura, sin olvidarnos de esos despistes que muchas veces achacamos a la edad, pero de los que no nos libramos nadie».
«¡Qué suerte la mía! De poder disfrutar semanalmente de la sabiduría de quienes han vivido mucho, de la alegría de quienes llevan las huellas de la vida escondidas, de la inocencia de los más jóvenes. Qué bonito y gratificante ha sido enriquecerse con los conocimientos de mis compañeros cuándo nos amplían alguna información que justo habíamos leído en el libro que tocaba, y, también con toda la información que nos trae Natalia para que conozcamos más sobre los autores, la época en que se desarrolla la trama… Es, sin ninguna duda, una experiencia para repetir y, para recomendar (esto no lo voy a decir muy alto, no vaya a ser que me quede sin plaza…).»











